¡felices 50 mama!

Desde que nuestra madre se quedó viuda hace un par de años no había vuelto a tener ningún rabo entre sus piernas. Nosotras éramos conscientes de las necesidades sexuales que ella tenía aunque no nos lo dijera nunca. Para celebrar su mitad de siglo decidimos regalarle una sesión de sexo ardiente con un joven bien dotado. Mi madre es una cincuentona resultona que dio la talla y dejó bien alto el pabellón.